El curioso mundo de los humanos que se comportan como perros

Se detalla a sí mismo como tímido e introvertido. Un accionar totalmente opuesto al que tiene cuando se transforma en perro.

«Mi personalidad humana y mi personalidad canina se complementan y eso me facilita hallar un equilibrio», dice:

Mi personalidad humana es supremamente introvertida en contraste con mi personalidad canina», enseña.

«Con esta me transformo y adopto una actitud muchísimo más alegre y expresiva».

TIPO DE FETICHISMO

El de los humanos-perros es un estilo de vida que se desprende de las prácticas más populares de sumisión y sado-masoquismo. Según sus practicantes, comenzó a popularizarse hace precisamente 15 años, cuando internet facilitó la comunicación entre esos que distribuyen este tipo especial de fetichismo.

Aunque en la red social hay toda clase de personas, sus pertenecientes tienden a ser hombres gays. A varios sencillamente les agrada vestirse con prendas de cuero. Otra gente encuentra excitación en el tipo de interacción habitual de la relación entre una mascota y su amo.

Y como enseña un documental hace poco transmitido en Reino Unido por Channel 4 –The Secret Life of the Human Pups («La vida secreta de los perros chiquitos humanos»)– la práctica no tienen ningún tipo de relación con la zoofilia.

Además, si bien esta clase de relaciones precisamente tienen un vínculo con lo erótico, no en todos los casos se relaciona con la sexualidad: varios grupos de humanos-perros se reúnen sencillamente a divertirse.

Por lo demás dentro de las comunidades de humanos-perros hay dos tipos de roles: amo y mascota.

Y la relación y las fluidas que se desarrollan entre los dos son precisamente iguales a las que hay entre un humano y una verídica mascota animal, le explicaron numerosos de ellos a BBC Mundo.

El que juega el papel dominante, puede ser bien un dueño o nada más un responsable del humano-perro.

OLVIDAR LAS PREOCUPACIONES

Tener un dueño supone tener una relación más permanente, recurrente y comprometida.

Y el humano-perro que encuentra uno, de forma automática debe poner en su collar una placa con el nombre y los datos de la persona a la que le forma parte.

En ese instante ya no es considerado como un humano-perro extraviado.

«Dos de los perros chiquitos de mi manada tienen parejas equilibrados por fuera de la manada, por lo cual yo no soy su amo, no soy su dueño», cuenta BossBear, solicitado de dos perros chiquitos, dueño de otros dos y de un quinto que tiene en entrenamiento.

«Yo sencillamente me encargo de ellos ocasionalmente», dice de los dos primeros.

Los humanos-perros y sus amos acostumbran hallarse en sitios privados, en el hogar de populares o en eventos particulares para la red social humano-canina.

Y, en estas sesiones, los humanos-perros no hablan, ladran.

Reciben órdenes de sus dueños o encargados, se sientan, se hacen los muertos, dan vueltas y reciben premios cuando fueron obedientes.

Además juegan con otros humanos-perros y se ponen boca arriba para que les rasquen la barriga.

Y aunque el porcentaje de humanos-perros que transporta la vivencia al nivel más alto es muy baja, hay algunos que no van al baño sino que usan un pañal.

La causa por la que la enorme mayoría encuentra excitación en esta práctica es porque a lo largo del tiempo que dura, tienen la posibilidad de descuidarse de sus intranquilidades o de las presiones que comúnmente combaten en el trabajo.

Y aunque algunos de estos encuentros acaban en relaciones sexuales, esa no es no siempre la causa primordial de este accionar.

¿Realmente la homosexualidad es genética?

«Las tendencias sexuales extravagantes y las prácticas sexuales elecciones no son una prueba de un caos mental», le dice además a BBC Mundo, Liam Wignall, doctor de la Facultad de Sunderland y responsable del exclusivo estudio que hay hasta el día de hoy de las comunidades de humanos-perros.

«Es considerable que no tratemos de etiquetar como una enfermedad estas ocupaciones y estos comportamientos que son distintos a los comunes».

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